25 años del triunfo de Fox: El sueño de una democracia en México. Por Tom Pich
Hace 25 años -el 2 de julio de 2000- Vicente Fox alcanzó la presidencia de la República. Sin duda fue un hecho histórico que marcó el fin de más de 70 años de hegemonía del PRI y el inicio de una nueva era en la política nacional, al consolidar un proceso de apertura democrática iniciado años atrás con reformas electorales y una mayor participación ciudadana. La transición democrática fue la fuente de esperanza para millones de mexicanos que anhelaban una transformación política, social y económica.
Para la sociedad cansada de la corrupción, el autoritarismo y la falta de alternancia, el triunfo de Fox representó la llegada de de una democracia más robusta y plena. Se esperaba que la alternancia trajera transparencia, rendición de cuentas y un gobierno más cercano a la gente.
Sin duda los logros del gobierno de Vicente Fox fueron importantes en varios ámbitos: Se fortaleció al Instituto Federal Electoral, se impulsó la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública, se promovió una mayor libertad de prensa y se abrieron espacios para la participación ciudadana. En el ámbito económico, México mantuvo estabilidad macroeconómica, aunque con crecimiento moderado. Estos logros sentaron bases para una democracia más competitiva y plural, haciendo creer que la alternancia era posible.
Sin embargo la transición enfrentó grandes obstáculos. La falta de experiencia política de Fox, las resistencias del PRI y otros actores tradicionales que controlaban estructuras de poder. No tener mayoría en el Congreso que le dieran la capacidad para impulsar reformas estructurales. A esto se sumó la corrupción y las inercias burocráticas, entre otras cosas. Por otra parte la inseguridad que comenzó a crecer, el narcotráfico ganando terreno, evidenció las debilidades del nuevo gobierno. La transición, aunque simbólica, no pudo desmantelar el enraigado viejo sistema político.
Ciertamente la transición democrática iniciada en el 2000 dio paso a la alternancia en el poder de tres partidos diferentes que han gobernado México desde entonces: PAN, PRI y Morena. Lo cual no se ha traducido en la solución de la corrupción, la inseguridad y la desigualdad, demostrando que la alternancia no garantiza automáticamente una transformación profunda.
Un artículo publicado por Nexos en julio del presente año, habla de la transición como un sueño de pluralismo y libertad que parece estar cancelado con la construcción por parte de Morena de una ”nueva sombra del autoritarismo”.
“Nuestra generación —la de los editores y la mayoría de las autoras y autores de este número (de la publicación de Nexos)— creció dentro de la mampara electoral, con la boleta en mano y el dedo manchado con tinta indeleble: nos sabíamos parte de una democracia, disfuncional quizá, pero en marcha”. Dicen Valeria Villalobos y Julio González, autores del artículo titulado “Réquiem por la transición democrática”.
Y continúan expresando en editorial: “Conocíamos las siglas de los partidos, sus historias —con sus exageraciones, héroes, mártires y villanos— y entendíamos la ventaja de haber crecido en un ambiente de pluralismo, medios públicos y privados sin censura, con poderes y organismos autónomos. Todos sin duda criticables y mejorables.”
Tomo este párrafo para concluir mi nota, porque refleja el ánimo de quienes vivimos el sueño de un país más democrático a partir del triunfo de Fox. Fue un sueño, dicen, del que hemos “despertado bajo la nueva sombra del autoritarismo”. Y terminan señalando que “Nos tocará imaginar otro país, crear otras instituciones, allanar el camino de nuevo para exigir otra democracia.
“Al despertar, el elefante seguía en la sala” señala esta metáfora, que refleja que lo que hoy vivimos: el autoritarismo de la dictadura perfecta nunca se fue, ha reaparecido ante nuestros ojos y que nos exige reconstruir todo lo que ha sido destruido desde la trinchera de una oposición reinventada, desde la participación de una ciudadanía crítica, activa, que solo surgirá si somos capaces de entusiasmarla con una narrativa propositiva y esperanzadora. Y por supuesto desde nuevas formas de organización que trasciendan los intereses de individuales y de grupo.


