QUE SE DEBATA EL DERECHO A LA VIDA. Por René Mondragón
Desde hace ya varias semanas, diversos grupos radicales auto-calificados de “progresistas”, han empujado fuerte la iniciativa de legalizar y despenalizar el aborto en cualquier momento el embarazo, sin importar las condiciones y circunstancias en que la solicitud sea solicitada.
EN EL DEBATE
Se han agregado a la discusión mediática, diversos grupos que empujan a los señoras y señores , para que, bajo ninguna circunstancia, se legisle contra la vida humana, como primer derecho humano. Algunas notas periodísticas destacan el incremento el número de entidades que ya aprobaron el aborto y se emplea la estadística, como argumento central por el que Guanajuato, todavía pintado de azul y con no pocos matices al interior, dé ar un nuevo rumbo a su doctrina humanista de siempre. El tema no es costumbrista ni ideológicamente coyuntural. Es de fondo y de largo alcance.
La validación del aborto es un tema tan delicado que no puede dejarse ni a las y los políticos, como tampoco limitarse a las mesas de debate ideológico, porque justamente, las ideologías, acaban convirtiéndose en dictaduras de cualquier color. Y no se trata de trepar lo que un grupo piensa sobre lo que piensan grupos de diferente pensamiento, porque así es como se construyen las monarquías absolutistas y se revienta la democracia, castrando la participación de los ciudadanos y las organizaciones intermedias de la sociedad.
Tampoco es un conversatorio en el que se impone la opinión personal y se obliga a todos a “respetar mi opinión” porque hubo alguien que así lo dijo. Precisando: Todas las personas son respetables… las opiniones no. Las opiniones tienen que ganarse el respeto. Un sujeto no puede pedir y exigir que “se respete” su opinión de que las mujeres no tienen necesidad de estudiar, porque basta con que un hombre las mantenga. Demandar ”respeto” a esa opinión, resulta idiota, lo diga quien lo diga.
QUE SE DISCUTA, PERO NO EN LO OSCURITO
Que se hable del aborto y que se debatan todos los temas desde todas las disciplinas, es elemental. La polémica es tan delicada que deben ser escuchadas todas las voces, de todas las ramas de la ciencia y todas las condiciones socioculturales. Así como en la educación y todos los temas que rodean ese ámbito –padres de familia, eclesiásticos, docentes, especialistas en pedagogía, tecnología e inteligencia emocional y social- deben ocupar un sitio apropiado, el tema del aborto debe estar abierto para un debate en principio democrático, pero adicionalmente, no ideologizado por algún grupo con poder político, social o económico.
Así es la democracia. No se puede lograr el ejercicio de gobierno desde ella, para que, en nombre de la misma democracia se dinamite en la sociedad.
ALGUNAS VERTIENTES
1. De entrada, al debatir conceptos como el aborto o la eutanasia, desde un enfoque de democracia participativa, las orientaciones sobre ello tienen que ser claras y profundas, no sobre la mesa de presiones ideológicas o bajo amenazas de movilizaciones y vandalismo, para obligar una pronunciación sobre las rodillas, porque la ciudadanía no lo merece y la democracia lo impide.
2. Desde luego, es fundamental comprehender que se privilegian principios como la dignidad de la persona humana desde su miso valor intrínseco y desde la concepción hasta la muerte natural. Por ello también, debe considerarse el derecho primigenio a la vida como derecho humano más básico y sustantivo.
3. Las definiciones políticas y el marco legislativo per sé, deben buscar, procurar y potenciar el bien común, en particular, de aquellos que son los más vulnerables por cualesquier razón.
4. Por ello importa mucho que la legislación proteja la vida humana en todas sus etapas; que se auspicie con efectividad un modelo de educación generadora de una cultura que promueva el respeto a la vida, la paz, la solidaridad y el cuidado de los más débiles y en estado de indefensión, con especial énfasis en el respaldo subsidiario para apoyar a las familias y a las mujeres embarazadas, fortaleciendo los respaldos psicológicos, económicos, laborales, de salud y de derechos sociales adecuados a sus circunstancias, entendiendo que tan poco es válido recurrir a la “muerte dulce” al más refinado modelo nazi-fascista que sigue negando el valor del dolor humano.
5. Sin duda, entonces, el diálogo sobre el tema debe ser de inicio al final, profundamente respetuoso, dando testimonio público. Por ello, la autoridad en pleno ejercicio de gobierno, también debe presentar argumentaciones éticas, jurídicas, axiológicas y racionales.
EN UN GOBIERNO HUMANISTA
En los lugares de profunda raigambre cristiano-católica, con la misma visión de democracia y bien común solidario y trascendente, las y los gobernantes deben ser claros en que, en medio de la sociedad puede haber diversidad de opiniones con respecto a las guerras o a la pena de muerte; pero cuando es la defensa del derecho de los no nacidos, se privilegia el respeto a la vida humana bajo cualquier circunstancia. En ningún caso existe la llamada “muerte dulce”
De manera insistente, las y los gobernantes y políticos humanistas deben presentar por elemental congruencia y en espacios de debate público, sus argumentos desde la razón y los derechos humanos, no solo desde la propia fe, con toda la fundamentación necesaria. Por la misma razón, las y los gobernantes, así como los políticos humanistas, deben impulsar la generación de políticas públicas, entre otros temas, para asegurar y garantizar los apoyos integrales, el acceso universal a los cuidados paliativos y la educación y formación ciudadana en valores humanos.
Evidentemente, todas las opiniones deben ser escuchadas como eso, como opiniones. No es buscar un estado confesional ni imponer una moral religiosa. Es proponer un marco y un estado de derecho que proteja con eficacia a los más indefensos y vulnerables, porque la neutralidad democrática el Estado, no significa indiferencia ante la injusticia; y proteger la vida, es impulsar una obligación ética, o una imposición religiosa.


