LA BRONCA ES ENTRE GOBERNANTES NO ENTRE NACIONES Por Salvador Reding

Los pleitos y diferendos entre gobernantes son eso, pero lo común es que las personas los ven como problemas entre países, entre pueblos, pero no debe ser así. Esa mentalidad crea animadversiones indebidas entre ciudadanos de los países. Casos así son demasiado comunes y eso está muy mal.
Cuando un gobierno se confronta políticamente con otro, sea porque alguno tiene buenas razones para hacer reclamos que superan los recursos diplomáticos o hasta por malas razones de intereses políticos de diversa índole, sus pueblos no están peleados entre sí. Cierto que no faltan personas, influyentes o no, que apoyan las malas decisiones de sus gobiernos en contra de otro país, pero son la minoría, por manipulación, por fanatismos o por razones estrictamente personales.
No es el caso, claro, de guerras internacionales, en las que principalmente jóvenes militarizados se matan entre sí sin conocerse, y eso porque sus gobernantes se declararon la guerra. De alguna manera y lamentablemente de formas muy fáciles, se crea encuentro entre pueblos que antes eran amigos. Pero si un ejército ataca a otra nación, entonces el atacado se defiende y sus respectivos ciudadanos se atacan entre sí. Al final, se hacen los pasos y de alguna manera, a través del tiempo las enemistades digamos que se diluyen.
Pero cuando los diferendos son políticos entre personajes políticos y no entre pueblos, el caso es diferente. No hay enemistades entre sus ciudadanos, pero por populismos y manipulación se crean artificialmente enemistades. Este es por ejemplo el caso de Trump y los países a los que ha impuesto arbitrariamente aranceles de importación.
Que los ciudadanos mexicanos estén enojados con Donald Trump no implica que lo estén con el pueblo estadounidense, ni con sus empresas u organizaciones. Y viceversa, que narcotraficantes mexicanos venden drogas enervantes a narcotraficantes locales de Estados Unidos, no es razón para que sus ciudadanos estén en contra de México como nación.
Quienes se fanatizan y decimos que declaran enemistades (no guerras) entre países están muy equivocados. Y lo malo es que hay muchas personas que actúan así, y hacen campañas a su alcance para que los problemas entre gobiernos se conviertan en problemas entre naciones. De esta manera, hacen dichas campañas en contra de comerciar o consumir productos de otro país, o hasta para no viajar a esa nación, en este caso de Estados Unidos por políticas exclusivas de su presidente en turno, Trump. Hacer boicot como en este caso contra Estados Unidos no afecta al responsable, Donald Trump y sus decisiones, y sí a empresas totalmente ajenas al conflicto creado por este presidente. Es como agredir de palabra y hasta de obra a toda una familia porque uno de sus miembros cometió un delito.
Hace tiempo hubo un desacuerdo entre los gobiernos de Francia y Estados Unidos, y en el Congreso de éste decidió que en su comedor las papas a la francesa cambiaran de nombre a creo recordar papas a la americana. Lo mismo hicieron en Canadá de llamar café canadiense al café americano. Claro que son bromas, pero reflejan un cierto resentimiento entre personas por culpa de gobernantes. Si hubieran sido papas y café a la Trump sería más apropiado cambiarles el nombre, que a la francesa ya lo americano.
Hace unos meses, hubo grupos que en México protestaban en contra de los ataques israelíes a Gaza, con justa razón, pero eso no era motivo para estar en contra de todos los ciudadanos de Israel, que incluyen a judíos, árabes musulmanes ya cristianos, muchos de ellos ajenos y contrarios a la agresión a palestinos. De hecho, en casos como estos, ciudadanos israelíes inconformes con esas acciones militares en contra de ciudadanos palestinos indefensos por combatir a Hamas protestaron ante su gobierno. Con los límites propios de una dictadura, en Rusia hubo quienes protestaron por la invasión de Ucrania.
Cuando se hacían las protestas en Ciudad de México contra los ataques israelíes a Gaza, vi unos carteles pidiendo a la población boicotear a las empresas de judíos en México. Pero los judíos empresarios en México son ciudadanos mexicanos, con negocios mexicanos, completamente ajenos políticamente a un país extranjero ya su gobierno militarista, Israel. Ser judío en México no es ser cómplice de dichas acciones militares de ese gobierno extranjero. Lo mismo vale para ciudadanos de otras razas, religiones o antecedentes familiares.
Volviendo al caso de Trump y sus aranceles realmente contra México, aunque los paganos y pagarán no los mexicanos sino los ciudadanos y empresas dentro de Estados Unidos, no son ni pueden ser motivo para culpar a todo ese país de chantajear al nuestro con aranceles si el gobierno mexicano no hace lo que el presidente Trump le pide.
No se trata de confrontaciones entre mexicanos y estadounidenses, se trata de amenazas arancelarias cumplidas impuestas arbitrariamente por Donald Trump, para encarecer productos importados de México, dañando a la economía mexicana ya sus propios connacionales que son quienes en Estados Unidos pagan dichos aranceles a su gobierno federal. Como dije, las broncas son entre gobiernos y no entre sus pueblos.
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