MAYOR DEUDA, MENOR FUTURO. Por Marcos Pérez Esquer
El paquete económico presentado por la presidenta Sheinbaum mantiene una tendencia preocupante: la deuda pública vuelve a subir, sin que esto se acompañe de una agenda clara de crecimiento económico robusto o de fortalecimiento sustantivo de las instituciones del bienestar social.
Es hora de hacer una pausa y pensar dos veces sobre esta escalada de la deuda pública en México y su carga para el futuro. Se trata de una hipoteca silenciosa que podría costarles mucho a las generaciones por venir… y sería nuestra culpa.
Se autoriza al gobierno federal un endeudamiento neto interno hasta por 1.78 billones de pesos para el año próximo, lo que lleva a que el saldo histórico de los requerimientos financieros del sector público (la deuda pública total) supere los 20 billones de pesos, lo que equivale aproximadamente al 52.3% del PIB.
Estos números no deben leerse como simples estadísticas técnicas: advierten sobre un riesgo estructural que compromete la soberanía financiera del país, la capacidad de reacción ante crisis y el nivel de bienestar de las generaciones futuras.
En primer lugar, es indispensable destacar que la tasa de crecimiento económico proyectada para 2026 es modesta -entre 1.8% y 2.8% según fuentes oficiales, y alrededor de 1.3% según otras fuentes acreditadas- lo que implica que cualquier endeudamiento en este contexto exige un retorno muy alto para que sea sostenible. Pero la realidad es que buena parte de la nueva deuda no se destina a nuevos proyectos productivos capaces de generar ese retorno: según el análisis de la organización México Evalúa, “el dinero extra servirá principalmente para pagar intereses de la deuda pasada y apoyar a Pemex”.
Hay una cuenta muy sencilla que debemos hacer: Si en 2026 la deuda aprobada es de 1.78 billones de pesos, y el gasto de inversión en infraestructura es de 960 mil millones, eso quiere decir que, en el mejor de los casos, al menos 820 mil millones irán a gasto corriente, lo que constitucionalmente está prohibido. Es como pagar la despensa del hogar financiándote con la tarjeta de crédito y en abonos. Suicidio financiero.
Si en 2026 la deuda aprobada es de 1.78 billones de pesos, y el gasto de inversión en infraestructura es de 960 mil millones, eso quiere decir que, en el mejor de los casos, al menos 820 mil millones irán a gasto corriente. (…) Es como pagar la despensa del hogar financiándote con la tarjeta de crédito y en abonos. Suicidio financiero.
Pero más allá de la inconstitucionalidad de la deuda, aquí surge la segunda advertencia: cuando la deuda se incrementa para cubrir deudas pasadas -intereses, amortizaciones, compromisos de empresas estatales con perfiles de riesgo-, el margen de maniobra gubernamental para inversiones públicas de impacto se reduce. En otras palabras, la carga del pasado devora nuestro futuro.
En ese sentido, el hecho de que el endeudamiento supere el 52% del PIB -y que organismos como el Fondo Monetario Internacional adviertan que podría escalar hasta 61.5% hacia 2030 si no se actúa- debe movernos a la reflexión… y a la acción. No se trata sólo de un número frío, sino de una variable que define cuánta flexibilidad tendrá el Estado mexicano para responder a caídas de ingresos, shocks económicos externos o para liberar recursos hacia educación, salud o infraestructura.
En tercer lugar, la tendencia alcista de la deuda implica una transferencia intergeneracional de riesgos y obligaciones. Cuando cada vez se destina una mayor parte del presupuesto al servicio de la deuda (intereses), menos queda para el crecimiento económico con justicia social. En un país como México, con retos persistentes en materia de seguridad, salud, educación, pobreza, desigualdad, e infraestructura, endeudarse sin un camino claro de retorno es una apuesta que los que vienen detrás (tus hijos y los míos) tendrán que pagar. Como lo expresó el CIEP, con una deuda acumulada de 20 billones, cada mexicano “cargará” con una deuda personal de más de 150 mil pesos. Cada mexicano que nazca, se llevará la sorpresa de que ya adeuda 150 mil pesos.
No podemos caer en la trampa de la pasividad y la indolencia. Ignorar la velocidad del ascenso del endeudamiento y la debilidad del crecimiento económico, no resolverá nada. Como bien ha apuntado Chava Carrejo: “endeudamiento récord y señales de incertidumbre”.
Si queremos proclamar que México está construyendo un futuro digno -no sólo para el presente, sino para aquellas generaciones que aún no han nacido- debemos evitar que la deuda se convierta en un monstruo acechante que devora oportunidades. Es hora de poner freno a esta irresponsable espiral de endeudamiento si no queremos comprometer el futuro de México.


