SÁTRAPAS: TRUMP, MADURO, PUTIN. Por Juan Miguel Alcántara Soria
Un sátrapa es una persona que gobierna o manda con astucia, habilidoso. Abusando de su poder. Quien gobierna despótica y arbitrariamente; trata con dureza a subordinados, y hace alarde de su poder. En la historia aparecieron como gobernadores de provincias de la antigua Persia. Se asocia a personas que llevan una vida fastuosa, “es un sátrapa que vive como un rey”. Sinónimo de tirano, ladino, zorro. El mundo ve, estupefacto, cómo Trump, astuto, manda en Venezuela y se apropia de su petróleo, luego de derrocar al dictador Maduro. Insiste quiere apropiarse también de Groenlandia, por sus inmensos recursos naturales. La destrucción de Venezuela causada por los sátrapas Chávez y Maduro tiene lecturas interesadas que devalúan los derechos y libertades del pueblo venezolano, al solo considerar la soberanía del Estado. Putin, por su lado, ya se adueñó de parte de Ucrania, y hace alarde de querer más. El dictador cubano Díaz-Canel puso sus barbas a remojar.
Trump trata con dureza a conciudadanos norteamericanos, también. El alcalde de Minneapolis recién le reclamó causar caos y desconfianza en su ciudad, destrozando familias. Exigió se retire ICE por provocar terror, no seguridad. Contra evidencias, Trump culpó a la madre asesinada por agente de ICE. Antes el gobernador de California también reclamó arbitrariedades trumpistas. Los tiranos, sean de izquierdas o de derechas, tienen discursos y pautas de conducta similares. Como en el pasado Stalin, Hitler, Musolini, Castro o Somoza, por citar.
El papa León LIV, el viernes, al saludar al Cuerpo Diplomático, compartió su visión sobre “nuestros tiempos, tan turbados por un número creciente de tensiones y conflictos”, expuso: “En nuestro tiempo, la debilidad del multilateralismo es motivo de especial preocupación a nivel internacional. La diplomacia que promueve el diálogo y busca el consenso entre todas las partes está sustituida por una diplomacia basada en la fuerza, ya sea por parte de individuos o de grupos aliados. La guerra vuelve a estar de moda y el entusiasmo bélico se extiende. Se ha roto el principio establecido tras la Segunda Guerra Mundial, que prohibía a los países utilizar la fuerza para violar las fronteras ajenas.
“La paz ya no se busca como un bien deseable en sí mismo, sino se busca mediante las armas como condición para afirmar el propio dominio. Esto compromete gravemente el estado de derecho”. “La Santa Sede reitera firmemente su condena de involucrar a los civiles en operaciones militares, de cualquier manera. Asimismo, espera que la comunidad internacional recuerde que la protección del principio de la inviolabilidad de la dignidad humana y la santidad de la vida siempre cuenta más que cualquier mero interés nacional”.
Advirtió el uso y significado de las palabras, cada vez más utilizadas como un arma con la cual engañar, golpear y ofender a los adversarios, en la política o en las redes sociales. A la demagogia polarizante también acudió López Obrador, como ahora la señora Sheinbaum. “Es doloroso ver cómo, especialmente en Occidente, el espacio para la verdadera libertad de expresión se está reduciendo rápidamente. Al mismo tiempo, se está desarrollando un nuevo lenguaje al estilo orwelliano que acaba excluyendo a quienes no se ajustan a las ideologías que lo alimentan”.
Respecto a Venezuela, León LVI: “Renuevo el llamamiento al respeto de la voluntad del pueblo venezolano y al compromiso con la defensa de los derechos humanos y civiles de todos, con la construcción de un futuro de estabilidad y concordia…, con el fin de construir una sociedad basada en la justicia, la verdad, la libertad y la fraternidad, y superar así la agrave crisis que desde hace muchos años aflige al país”.
Recordemos que la autoridad es fundamentalmente deber y responsabilidad. Deber de servir y responsabilidad de que el servicio redunde en bien de las personas y de la comunidad. Es también el derecho de mandar, que se deriva de la obligación y responsabilidad de servir en función de la justicia, el orden y el bien común. Fuera de estas funciones no existe el derecho de mandar. El poder es un medio, un instrumento para dichos fines, en lo interno como en lo internacional.
Los sátrapas han marcado rumbo y ritmo. Con inteligencia y buena voluntad, reorientemos nuestro destino. Vamos en el mismo barco.


