Una elección impecablemente fraudulenta. Por Marcos Pérez Esquer
En política, pocas cosas son tan perfectas como una elección cuidadosamente amañada. Y eso es exactamente lo que tuvimos en la elección judicial del 1 de junio de 2025. Con una participación ciudadana casi simbólica, boletas diseñadas para confundir, y una lista de “ganadores” que coincide con precisión quirúrgica con los famosos acordeones distribuidos por operadores del oficialismo, el espectáculo no decepcionó. Fue un éxito… si lo que se buscaba era simular democracia con eficiencia matemática.
Pero la historia no termina en la jornada electoral. La organización de la sociedad civil Justicia Común -una de esas tercas defensoras de la legalidad- decidió impugnar la validez de la elección ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF). Y vaya que presentaron argumentos: desde la coincidencia escandalosa entre resultados y acordeones, cuya probabilidad matemática era de una en siete mil millones, hasta pruebas documentales de intervención de entes públicos, personas pagadas con cheques del Banco Afirme distribuyendo listas de favoritos, e intercambio de información entre dependencias para incidir en el voto. Es decir, todo muy espontáneo.
Este miércoles el TEPJF resolvió el caso. Lo malo es que lo hizo como los árbitros en los juegos del América: haciendo gala de cinismo y simulación democrática desestimó todo argumento. Que no se trataba de pruebas suficientes -dijo-. O sea que, si no aportaban un video de la mismísima Sheinbaum repartiendo acordeones personalmente en la casilla, mejor ni se hubieran molestado.
Lo irónico -porque hay que admitirlo, tiene su gracia- es que este mismo tribunal, en otras elecciones locales del pasado, ha sostenido con toda seriedad jurídica que, dada la naturaleza de los procesos electorales, no siempre es posible contar con pruebas directas, y que por ello los indicios, si son múltiples, coherentes y convergentes, pueden y deben ser valorados como base para anular una elección. Aunque claro, eso era cuando los acusados no eran tan cercanos al poder… y los magistrados tampoco.


