COAHUILA SABOR AGRIDULCE
El pasado 7 de junio, quienes estamos inmersos en la actividad política seguimos con atención la jornada electoral en el Estado de Coahuila. Lo sucedido fue, para muchos, una sorpresa; no porque no se anticipara la derrota de Morena —la cual ya se vislumbraba días antes— sino por la magnitud de los resultados. El PRI obtuvo los 16 distritos electorales en disputa, logrando lo que Alejandro Moreno califico como “carro completo”, posicionándose así como el vencedor absoluto de los comicios.
De primera mano, este proceso nos deja una lección fundamental: Morena no es invencible. A pesar del despliegue del aparato gubernamental federal y de las operaciones políticas previas a la elección (Andy), el partido oficialista recibió un duro golpe electoral.
Esto representa un respiro para nuestra democracia, pues demuestra que la unidad, el trabajo y el valor pueden hacer frente al autoritarismo. Sin embargo, desde mi posición como ciudadano y militante de Acción Nacional, este triunfo tiene un sabor agridulce. Aunque es motivo de reconocimiento que una fuerza política logre frenar a este régimen totalitario, también existe un profundo sentimiento de decepción.
Como panista, esperaba que Acción Nacional fuera un actor determinante en este contrapeso; la realidad, sin embargo, es que hoy nos enfrentamos a la posibilidad de perder nuestro registro en el Estado.
Como decía nuestro fundador: “Que no haya ilusos para que no haya desilusionados”. Es innegable la influencia del gobierno estatal en este triunfo, pero, desde mi perspectiva, el PAN sufrió este descalabro por dos razones adicionales: primero, por una alianza en 2023 que resultó ser pueril y carente de objetivos superiores, lo que erosionó nuestra identidad y credibilidad ante la ciudadanía; y segundo, porque el gobierno estatal se encargó de dividir al panismo para absorber a sus cuadros.
Esto refleja una realidad que se ha señalado con anterioridad: el PRI no posee una vocación aliancista, sino autoritaria. El incumplimiento de acuerdos desde 2024 nos ha alcanzado. La falta de unidad, generosidad y determinación ha puesto al PAN en Coahuila al borde de la extinción.
Por ello debemos cuidarnos de la “inmediatez política” contra la cual nos advirtió Don Manuel Gómez Morin; tomar decisiones basadas únicamente en el corto plazo podría ser el preámbulo para que el PAN sufra a nivel nacional lo que hoy vivimos en Coahuila.
Como bien se ha señalado en el pasado, una verdadera alianza no es solo con un partido, sino con una forma de ver y hacer política. Ante este escenario, la respuesta está frente a nosotros, en nuestro propio lema: Generosidad, este es un llamado urgente a todos los panistas para que, sin titubeos, comencemos a trabajar en unidad. Necesitamos reencontrarnos con nuestra esencia, hablar el lenguaje del humanismo político y anteponer el interés común a las ambiciones personales,
Y aunque las circunstancias parezcan adversas en muchos municipios y distritos, recordemos que “El trabajo lo vence todo” o como decimos los panistas mexiquenses suela, sudor y saliva… ¡Panistas, es ahora o nunca! La historia no perdona la indolencia ni la falta de entrega o recuperamos nuestra mística a través del sacrificio y la generosidad auténtica, o permitiremos que nuestra identidad se desvanezca en el pragmatismo vacío. La supervivencia de nuestra institución depende de nuestra capacidad para volver a ser esa esperanza presente para México. No hay mañana: la unidad y la generosidad deben empezar hoy.
Por Marco Uriel, un soldado más de la democracia.


